Adriana Ballesteros

Hay gente que hace muebles, otros velas, algunos ropa. A mí me encanta fabricar historias. Por eso me volví escritora. Por eso y porque nunca me gustó elegir. Si pudiera, tomaría casi todos los senderos: sería corresponsal de guerra, traductora, bailarina, científica y actriz. Escribir me permitió (de alguna manera) ser todas esas cosas. Por eso escribo. Por eso y porque me gusta. Son muchas las cosas que me gustan: los bosques, las playas vacías, las casas antiguas llenas de fantasmas, los viajes, conversar con mis amigas, compartir charlas y series con mi familia. Y por supuesto: ¡leer!

Lo primero que publiqué fueron notas periodísticas en una revista de espectáculos llamada Vea Mas, de la que me echaron. Me puse triste todo un día, pero al siguiente llevé mis notas al diario Página 12 y, unos meses después, hacía entrevistas para el suplemento cultural de ese diario y para la revista Mastermagazine. Fue una época muy linda porque esa labor me permitió conocer y conversar con gente fabulosa como María Elena Walsh, Graciela Cabal, Graciela Montes, Antonio Skármeta, Isabel Allende, Gloria Pampillo y muchos grandes creadores más.

Mientras tanto escribía cuentos. Un día me animé y lleve un par de relatos a la revista La Nación de los chicos donde apareció por primera vez el cuento “El Rogro”. Y entonces me seguí animando y publiqué en diferentes países (España, México, Colombia, Chile y Argentina) cuentos en libros compartidos y en libros solo míos.

De los libros que hice me gustan todos. Una de mis novelas, Zapatos doradas, fue seleccionada por el “Centro Internacional Isabel Schon de Libros en Español para Niños y Jóvenes de la Biblioteca Pública de San Diego (EEUU) “¡como una obra de gran mérito entre todas las publicadas alrededor del mundo!”.

También escribí además La soga de Plug, Se enloquecieron los números, Zapatos rojos de charol, Cuentos y recetas de Bujulita y la abuela Clementina y un montón de libros más.

De mi vida personal, les cuento que hace más de ¡25 años! comparto problemas, viajes, paseos, infortunios, mates y risas con Ernesto, el papá (yo soy la mamá) de Nahuel y de Iván. Como comenté al principio, nunca me gustó elegir, pero algunas elecciones me hicieron muy feliz: haber llamado a mis chicos para que vengan al mundo, leer y escribir.